influencias del gato en la historia

Las influencias del gato a lo largo de la historia de la humanidad han sido numerosísimas. Aunque inicialmente abordaremos todos los problemas relacionados con la averiguación de los orígenes del gato, que no son pocos aunque se van aclarando mediante los hallazgos arqueológicos que se están realizando, abordaremos, igualmente, las influencias que ha tenido este felino en las siguientes etapas de la historia de la humanidad:

Los orígenes del gato

El hallazgo de una tumba de hace aproximadamente 9.500 años en Chipre en la que se aprecian, junto a un individuo humano, los restos de un gato y una amplia variedad de ofrendas, supone la evidencia más antigua encontrada hasta la fecha de las relaciones entre el ser humano y este felino, según un estudio de investigadores del Muséum National d´ Histoire Naturelle de Paris, perteneciente al Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, que ha sido publicado recientemente en la revista "Science" .

Estas excavaciones llevadas a cabo desde 1992 en la isla de Shillourokambos bajo la dirección de Jean Guilaine, llevan a su responsable a manifestar que "No sólo es más de un milenio más antigua que los primeros testimonios de la presencia del gato en Chipre, sino que además no deja ninguna duda sobre la existencia de una relación muy fuerte entre el hombre y el gato, al menos en el plano simbólico". El gato fue enterrado entero en una pequeña fosa a unos 20 cm del hombre y pertenece a la especie Felis silvestris, gato salvaje bastante más grande que los gatos domésticos actuales. El animal tenía unos 8 años de edad y tamaño de adulto. La morfología del esqueleto es bastante parecida a la de los actuales gatos salvajes de Oriente Medio. Las modificaciones morfológicas asociadas a la domesticación todavía no son visibles, lo que justifica el empleo del calificativo "amansado" más que "domesticado", según el científico. Todo ello parece demostrar que los egipcios no fueron los primeros en domesticar a los gatos hace 4.000 años, aunque fuera para mezclar sus razas y producir diferentes especies felinas.

Se creía que fueron los habitantes del antiguo Egipto los primeros que domesticaron a los gatos, criándolos para que produjeran nuevas especies, hace unos 4.000 años. Pese a que los investigadores han sospechado desde hace tiempo que los seres humanos comenzaron a domesticar gatos mucho antes, hasta ahora no existían evidencias que apoyaran esta hipótesis.

Los gatos salvajes probablemente comenzaron a asociarse con seres humanos a medida que surgieron las sociedades agrícolas en Asia Occidental, durante principios del periodo neolítico (hace aproximadamente unos 10.000 años).

Al parecer, los gatos se fueron acercando cada vez más a los pueblos en los que había graneros que atraían a numerosos ratones. Según los autores del trabajo, puede que entonces los seres humanos comprendieran que podrían usar a los gatos para reducir el número de roedores que diezmaban sus cosechas.

Pese a que la diosa gata Bastet y otras deidades felinas del antiguo Egipto son los ejemplos más antiguos que se conocen de gatos en la mitología, los arqueólogos han descubierto evidencias aún más antiguas que apuntan a la existencia de una conexión espiritual entre los seres humanos y los animales, incluidos los gatos.

De hecho, se han descubierto muchas piedras grabadas con imágenes de gatos salvajes y otros animales en Asia Occidental, que se remontan a los principios del periodo Neolítico. Los autores de este trabajo consideran que estos artefactos son evidencias de que los animales tenían una importancia espiritual para las personas, pese a que no está clara la naturaleza exacta de este tipo de relaciones.

Los nuevos hallazgos de una tumba humana con una variedad de piedras pulidas, herramientas, joyas y otros objetos que se cree que eran ofrendas, además de un gato rodeado de conchas marinas, junto a un esqueleto humano de sexo sin determinar que, según los especialistas, correspondió probablemente a una persona perteneciente a un alto estatus social, confirman ahora una antigua relación de este animal con los seres humanos.

Gracias a descubrimientos arqueológicos sabemos que hace 9.000 años ya se criaban gatos en Palestina, si bien se trataba de gatos salvajes. Pero el origen de los verdaderos gatos domésticos se remonta, al parecer, a hace 6.000 años aproximadamente.

También, basándonos en yacimientos arqueológicos, podemos deducir que los primeros en criar gatos domésticos a gran escala fueron los egipcios. No obstante, en el yacimiento de Hacilar (Asia Menor) se han encontrado estatuillas muy antiguas que representaban a mujeres amamantando a gatos, con lo que se demuestra que el gato doméstico no era exclusivo del Antiguo Egipto en aquella época.

Continuando con el análisis de restos arqueológicos, podemos afirmar que el gato doméstico era también conocido y venerado en América. Así lo confirman cerámicas muy antiguas encontradas en Perú y procedentes de poblaciones primitivas anteriores a la civilización Inca. Pero incluso la civilización inca rendía también culto a los gatos sagrados, confirmado con obras de arte precolombino, demostrándose con todo ello que ya había gatos en América antes de la llegada de Cristóbal Colón.

Estos descubrimientos fueron los responsables de que se creyera que el gato doméstico descendía del gato montés europeo (Felis silvestris), ya que esta especie estaba presente también en Asia Menor, aparte de en Europa. Pero tras realizarse estudios de anatomía comparada, se ha llegado a la conclusión de que el gato doméstico desciende del gato leonado (Felis libyca), especie salvaje procedente de África central y septentrional.

En resumen, diremos que no se pueden asegurar los orígenes del gato doméstico, así como tampoco confirmar la especie salvaje de la que proceden. Esto es más probable si tenemos en cuenta que, mientras se difundía el gato doméstico primero en Egipto y luego en Anatolia y el resto de la cuenca mediterránea, el gato doméstico también se criaba en la India, a tenor del contenido de antiguos manuscritos. Todo ellos nos llevaría a pensar que los actuales gatos domésticos descienden de los que se establecieron en los países mediterráneos, cruzándose con otros que procedían de Asia.

Con relación al tratamiento que se da a la figura del gato a lo largo de la Historia, podemos decir que existen dos grandes clases de culturas: por una parte, tenemos las culturas abiertas y con vocación de universalidad en las que se adoraba al gato (como son los casos del antiguo Egipto, la Roma clásica, la Inglaterra victoriana y la América de entreguerras), y por otra parte contamos con aquellas culturas cerradas y atormentadas que veían al gato como responsable de todos sus males (como la Europa católica de la Edad Media).

Para quienes tengan interés en saber qué se dice con relación a los gatos en las Sagradas Escrituras, mencionar que tan solo aparece una referencia en el Antiguo Testamento en donde costa una amenaza profética de que los gatos "caerían como lluvia sobre las cabezas de los babilonios".

En el Antiguo Egipto

Las creencias religiosas surgidas alrededor del gato doméstico, de las que hablaremos más adelante, estaban basadas en razones concretas. De hecho, estos animales eran muy apreciados en Egipto porque preservaban de las ratas las cosechas almacenadas para los períodos de sequía.

La mayoría de los gatos actuales son descendientes del antiguo gato egipcio (Felis lybica).

Animales sagrados

En el antiguo Egipto, los gatos domésticos eran considerados animales sagrados. Fueron objeto de culto debido a su habilidad para hacer disminuir la población de ratones en los campos de cereales del Nilo, de capital importancia económica. Los egipcios pretendían buscar el contento de Bastet, la diosa de la protección, de la belleza y del placer, del amor y la fertilidad. Esta diosa era representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato.

Precisamente, era a través de esos ojos de felino cómo la diosa Bastet (que creían que vivía en el cuerpo de los gatos) escrutaba el alma de los hombres controlando sus acciones.

También se creía que Ra, dios del sol, adoptaba la figura de un gato cuando descendía a la tierra. Precisamente, en la antigua Heliópolis se le representaba con rostro de gato y las pupilas de su estatua, que dominaba el templo, habían sido diseñadas de tal modo que se dilatasen o encogiesen según la posición del sol, permitiendo así la determinación de las distintas fases del día. Curiosamente, en algunas regiones de China esta faceta se ha llevado a la práctica, habiendo aprendido a utilizar a los gatos como auténticos relojes vivientes, dado que calculan la hora basándose en el tamaño de sus pupilas.

La sociedad egipcia

Los egipcios guardaban luto cuando morían sus gatos. Todos los miembros de la familia se rasuraban las cejas como señal de aflicción y dolor. Si disponían de los recursos necesarios, colocaban al gato embalsamado en un sarcófago especial y lo transportaban a la ciudad de Bubastis para ser enterrado con solemnidad.

Las leyes penales egipcias eran también curiosas. Eran tan estrictas que ni el propio Faraón podía indultar a quien matara a un gato. Esto le ocurrió al rey Tolomeo XII (padre de Cleopatra), quien no pudo indultar a un romano responsable por descuido de la muerte de un gato y que terminó muriendo por linchamiento. Matar a un gato, aunque fuese por descuido, estaba más castigado que matar a un hombre, y siempre traía como consecuencia la condena a muerte. De la misma manera, las leyes egipcias obligaban a sus ciudadanos a volver a traer los gatos que se encontraran más allá de sus fronteras.

Era tal el nivel de mentalización de que había que proteger a toda costa la vida del gato que hasta, en caso de incendio, el gato de la casa era puesto a salvo en primer lugar.

Desde el mismo nacimiento de un niño, éste era consagrado a un gato y debían portar durante toda la vida un medallón con la efigie del animal.

Los gatos eran también un deporte para los egipcios; atados a correas cazaban pájaros para la mesa familiar: el amo lanzaba un boomerang que derribaba los pájaros para que el gato los recogiera y entregara al amo. Debido a su utilidad económica, y a que se creía que concedían muchos hijos, los gatos eran tan reverenciados que a veces se momificaban para enterrarlos con sus amos o en tumbas diseñadas para tal efecto.

Este respeto que sentían los egipcios hacia los gatos fue también conocido por sus enemigos. Así, el rey persa Cambises II tomó la ciudad de Pelusa gracias a que escudó a su ejército con una inumerable cantidad de gatos, hecho que provocó la rendición de las fuerzas egipcias.

Igualmente, cuando César ocupó las orillas del Nilo en el año 47 AC, los habitantes de Alejandría que se sublevaron contra el invasor, lapidaron a un soldado romano que se había atrevido a matar a un gato.

Festividades religiosas

A Bastet, símbolo del amor y de la fertilidad, se la veneraba en Bubastis y en Saqqara, en donde le levantaron un templo llamado Bubasteion. A ella eran ofrecidos los gatos sagrados. También era considerada por los egipcios como la diosa lunar, que representaba el calor que fecunda.

Los gatos que iban a ser sacrificados en honor de Bastet, eran exhibidos en una cesta para recibir el homenaje de la población, para ser luego sus cuerpos embalsamados y momificados. Finalmente, eran enterrados en los primeros cementerios gatunos existentes en Beni Hassan, Saqqara y Bubastis.

Una de las principales festividades religiosas de Egipto se celebraba en Bubastis (ciudad situada en el delta del Nilo y que llegó a ser la capital durante la XX dinastía) en honor a la diosa Bastet. Relata Heródoto que acudió allí en el s.V AC que en cada primavera participaban en ella cerca de 700.000 personas.

En 1890, en Beni Asan, los arqueólogos descubrieron un antiguo cementerio de gatos en el que se llegaron a contar 300.000 momias de gatos embalsamados. Todos estaban envueltos en vendas funerarias y colocados cada uno en un pequeño ataúd que reproducía la forma del animal.

Las gatas de la diosa Bastet eran consideradas por los egipcios como el ideal de la belleza. Por éso, el rasgado de los ojos que usaban las egipcias era una imitación de los almendrados ojos de la diosa.

Griegos y fenicios

Pese a que las leyes egipcias prohibían sacar del país los gatos sagrados, los marinos fenicios se los llevaban de contrabando. Los gatos eran tan apreciados en tiempos de los griegos que se vendían igual que otros tesoros de Oriente. Así, difundieron por el Mediterráneo no solo el comercio y la cultura, sino también a los gatos. Consiguieron que en aquella época se difundieran los gatos por toda la costa mediterránea.

Con relación a los orígenes del gato, cuenta la tradición de los antiguos griegos que procede de Artemisa, la diosa de la caza. Por lo visto, dio vida al gato para poner en ridículo a su hermano Apolo, ya que éste previamente había creado al león para asustarla

Romanos

Hacia el año 2500 AC, los romanos importaron el Felis lybica del antiguo Egipto, cruzándose en Europa con el gato montés europeo (Felis silvestris). Los romanos sacaron gatos ilegales, dado que estaba prohibida la exportación de los gatos sagrados en Egipto. Así, las legiones romanas cogían gatos egipcios como los más preciados trofeos de guerra en su conquista del Nilo.

El gato fue difundido en Europa sobre todo por los romanos. Lo consideraban símbolo de victoria y tenían por costumbre llevarlo junto a sus legiones, por lo que consiguieron introducirlo rápidamente en todos los rincones de su imperio. Así, el gato llegó a Britannia, en donde el gato doméstico era un auténtico desconocido pese a que abundaban los gatos monteses.

El avance del Imperio Romano por tierras de bárbaros fue la difusión del culto al gato, refinado y urbano, entre los simples y atrasados campesinos que hasta entonces solo conocían al perro como animal de compañía.

Los romanos apreciaban tanto el espíritu de independencia del felino que hasta la diosa Libertas era representada junto a un gato, símbolo de la más absoluta libertad.

La utilidad del gato fue ampliamente reconocida por los romanos, al igual que había sido exaltado por los egipcios. Así, en el s.I DC se dictaron en Roma leyes para su protección. Posteriormente, ya en el s. X, el príncipe Howel publicaría unas normas jurídicas que reconocían la importancia de los gatos en el Reino Unido, en donde se fijaba el valor de los gatos y se establecía que quien matara a un gato debía indemnizar al propietario del animal con una cantidad de trigo equivalente en altura a la longitud del felino, desde el hocico hasta la punta de la cola, pretendiéndose compensar de esta manera al propietario del gato por las pérdidas de trigo que le ocasionarían los topos al faltar el gato.

La Edad Media

Cuando cayó el esplendor del Imperio Romano, llegó la Edad Media en donde los gatos pasaron a ser odiados y temidos, perseguidos por tratarse de instrumentos del demonio y compañeros favoritos de las brujas. Debido a sus hábitos nocturnos creían que tenían trato con el diablo. Esta asociación del gato con la brujería fue culpable de muchos actos de crueldad hacia el gato a través de los siglos medievales.

Justificación de esta persecución

Señal de satanismo era que los gatos no obedecieran al hombre que había sido creado a imagen y semejanza de Dios, implicando esta actitud que fueran siervos e instrumentos del demonio. También eran una señal sus maléficos ojos brillaban en la oscuridad, dado que ésto tenía que ser obra del diablo. Además, de noche abandonaban sus casas en las ciudades y salían a los bosques, por lo que debían ser hijos de la oscuridad y de un mundo tenebroso.

Por si fuera poco, en los cementerios había gatos, por lo que deducían que el espíritu de los muertos se había apoderado de ellos. La imaginación del hombre llegó a justificar los fenómenos atmosféricos culpando a los gatos dado que sus carreras precedían a tormentas y a tempestades, motivo por el que corrían alocados al ser ellos mismos quienes desencadenaban los elementos contra el hombre por obra del diablo.

Enemigos de la cristiandad

Con la Edad Media, llegó una época de oscurantismo para la humanidad. Los gatos fueron víctimas de una terrible persecución originada por la ignorancia y por absurdas supersticiones que relacionaban al gato con determinados ritos diabólicos. Se quemaban en las hogueras a los heterodoxos de la religión y a los brujos. Pero también se quemaban a los gatos, máxime si se trataban de gatos negros.

Desde el s. XII se empezó a relacionar a los gatos con el paganismo y la brujería. Existía una creencia muy difundida que afirmaba que los brujos y, sobre todo, las brujas podían convertirse en gatos, y viceversa.

Por si fuera poco, en 1233 el papa Gregorio IX declaró que los herejes adoraban al demonio en forma de gato, lo que dio lugar a una persecución que se prolongaría durante varios siglos.

A mediados del s. XIII, el renacimiento en Alemania del culto a Freya fue suprimido y sus seguidores fueron relacionados con gatos. El obispo de Coventry fue acusado de haber adorado a un gato negro, al igual que acusaban a los Templarios de venerar a los gatos. Los gatos eran, por tanto, enemigos de toda la cristiandad.

Persecución y matanzas

Dado que los gatos eran seres diabólicos, había que matarlos, ya que a los 9 años se convertirían en brujos poderosos. La ignorancia llegó a justificar que cuando los gatos eran arrojados desde lo alto de las torres de las iglesias y no se mataban porque caían de pie, lo era en realidad porque eran salvados por el diablo.

Hasta un médico de Milán, Jerónimo Cardán, dijo que los gatos negros estaban llenos de humores que causaban melancolía en el hombre, y que además eran crueles y audaces.

La posesión de un gato bastaba para acusar a una persona de brujería; y si además era un gato negro, la condena era segura.

Había recompensas económicas por la entrega de gatos muertos para ser quemados en hogueras. En algunas ciudades existía un día especial dedicado al rito. Así, en Inglaterra, Francia y Alemania, en el día de Todos los Santos, se iniciaban las fiestas populares con la quema de cajas y sacos llenos de gatos vivos. En Escocia, los gatos eran empalados y asados vivos durante dos días, en una ceremonia llamada "La cena del diablo". En París, durante la noche de San Juan, se quemaban gatos vivos en presencia del Rey, hasta que Luis XIV prohibió estas hogueras. En las ferias de los pueblos se incluía el tiro al gato como entretenimiento (metían al gato en un canasto y había que atravesarlo disparándole flechas).

Esta terrible persecución llegó a provocar que en Alsacia se representara al diablo en un carruaje arrastrado por un tiro de cuatro gatos negros.

Por tanto, durante la Edad Media no solo se torturó y se mató bárbaramente a miles de personas, sino que también se torturó y mató a millones de gatos, como consecuencia de unas persecuciones muy activas en toda Europa y que entraron a formar parte de los rituales cristianos.

Fin de la persecución

Como consecuencia de aquella persecución a la que eran sometidos los gatos en esta época, las ratas y ratones invadieron las ciudades, produciendo gravísimos daños en los alimentos. A mediados del s. XIV, una plaga originada por ratas, conocida como la Peste Negra, atacó a las ciudades europeas. Las pulgas de las ratas comenzaron a transmitir la peste, que llegó a exterminar a la tercera parte de la población de la época.

La gente comenzó a darse cuenta de que en donde vivía un gato no había ni ratas ni peste. Entonces, fue reconocida su valía como depredadores. De esta manera, los gatos se salvaron a sí mismos.

El Renacimiento

La Italia del Renacimiento fue una época dorada para el gato puesto que casi todo el mundo tenía uno, desde miembros de las casas reales hasta campesinos. Esta costumbre se extendió por el Cercano Oriente, siendo considerados los gatos como portadores de buenos presagios en China o en Tailandia en donde hoy en día siguen siendo adorados, mientras que en la India fue elevado a la categoría de dios, teniendo un importante papel en ceremonias religiosas y ocultas, llegando hasta el punto los monjes budistas de criar gatos sagrados. En América del Sur los incas rendían culto a los gatos sagrados, que son representados en las obras de arte precolombino de Perú. Por su parte, en 1630 son pocas las familias de Londres que no tienen un gato, tal y como nos narra el escritor Daniel Defoe.

Hasta su glorificación por el cardenal Richelieu, el gato no encuentra la plenitud de su grandeza. Se hace animal de Corte. Este ministro de la Guerra de Luis XIII se distinguió por su persecución de las brujas, aunque también fue un enamorado de los gatos. Llegó a tener 14 gatos que vivían en un cuarto contiguo al suyo. Siempre quiso tener a mano un cachorro, que era reemplazado por otro de pocos días cuando crecía. Llegó a dejar en su testamento una importante suma a sus gatos y sus dos cuidadores, además de una casa y provisiones, pero la Guardia Suiza realizó una carnicería entre ellos.

En la actualidad

Ha sido enorme el cambio habido en la actitud que tomaban los seres humanos ante la figura del gato, desde la Edad Media hasta nuestros tiempos. A pesar de algunas reticencias mostradas por Napoleón porque le aterrorizaban los gatos, lo cierto es que hizo campaña en favor de ellos con la única intención de acabar con las plagas de las ratas. Pero a partir de ese momento y, sobre todo en el s. XIX, fue cuando los europeos comenzaron a darse cuenta de la utilidad del gato. Desde entonces, son utilizados cada vez más, sobre todo en las ciudades, aunque como animal de compañía.

La tragedia felina en la actualidad la encontramos en Corea, en donde el gato es la base en su cocina tradicional. En Corea del Sur, los gatos son criados en granjas para su consumo, dentro de repletas y mugrientas jaulas. Son violentamente golpeados antes de ser degollados para elevar el flujo de adrenalina que es reclamado para incrementar el sabor de la carne y, supuestamente, aumentar la virilidad de los hombres que los comen. También, son hervidos vivos en ollas a presión para extraerles su jugo para el uso de tónicos.

No obstante, no todo es crueldad hacia el gato en Asia. Los gatos siguen siendo adorados en Tailandia o China. En Japón, el palacio de Kioto abrió sus puertas en honor de una gata blanca que acababa de parir cinco preciosos gatitos de igual pelaje.

Estado de bienestar y consumismo

Hoy en día el gasto en mascotas no parece tener límites. En el año 2003, los propietarios británicos de mascotas gastaron 20.000 millones de dólares sólo en gatos y perros. Aunque la mayor parte de este dinero se destinó a alimento, 3.200 millones de dólares se destinaron a fiestas y regalos. Estas cifras están subiendo, a pesar de la bajada en el número de propietarios de mascotas.

No sólo hay personas que gastan más dinero en sus animales domésticos, sino que servicios antes reservados a las personas se están dirigiendo a las mascotas. Así, los perros británicos próximamente podrán disfrutar el primer taller de yoga para perros en el Reino Unido. Hay quienes piensan que es otra forma de mejorar su nivel de vida, como si se enviara a un hijo al mejor colegio. Si tanto los hombres como las mujeres gastan más en ropa, en su cuidado o en cosméticos, es lógico pensar que también quieran gastar más en sus mascotas. Para mucha gente, poseer una mascota se ha vuelto como tener un bebé.

En Estados Unidos, existe un número creciente de opciones para la gente que quiera conceder a sus mascotas una fiesta especial. En California, el Loews Beverly Hills Hotel se las arreglará para que un cocinero prepare comidas para sus mascotas. Y en Wisconsin y Colorado, lugares de campings organizan días especiales para a los animales domésticos. Otras actividades disponibles incluyen un acuario en Florida donde se ofrecen a las mascotas rutas guiadas. La industria turística ha comenzado a dar importancia al profundo sentido de compañerismo entre los amantes de las mascotas y sus mascotas.

Los propietarios estadounidenses de mascotas gastaron 32.400 millones de dólares en sus mascotas, y las compañías están ansiosas de formar parte de este mercado. La población de mascotas en el país ha alcanzado los 353 millones, siendo propietarios de al menos una mascota cerca del 62% de los hogares.

Otro mercado en expansión son los regalos para mascotas. En la época de Navidad del año 2003, el estudio de cine Warner Brothers sacó una gama de ropa de lujo. La colección, lanzada en Londres, incluye un abrigo de satén para perros con cristales Swarovski y rayas en seda rosa de 1.650 dólares, y un colgante para collares de perros de platino con incrustaciones de diamantes de 22.100 dólares. Hay también collares y correas tachonados de cristal, tazones, cajas de transporte, y almohadillas y camas unisex. Un montón de gente está retrasando el tener hijos, y gastando el dinero en su lugar en perros y gatos. De esta forma, firmas como Gucci vende un collar para gatos con una placa de oro e incrustaciones de diamantes por 1.111 dólares y Louis Vuitton un porta mascotas por 1.600. El diseñador de colecciones Eric Way emplea una cuidadora a tiempo completo para cuidar a sus dos Shih Tzus y a un bichon frisé.

Los gastos sanitarios

Y sumas cada vez más grandes se están destinando a los costes de cuidados sanitarios de las mascotas. En Australia, florece el Animal Referral Hospital en Sydney. Comenzó en el año 1999 con 10 miembros como personal y ahora tiene 90. Tratan una gran cantidad de casos terminales, realizando trasplantes de cadera, cirugía espinal, fracturas difíciles o cirugía de cáncer. Actualmente, pueden hacer escáneres MRI y CAT en animales, pudiendo también proporcionar terapia de radiología.

Y cuando todo lo demás falla, Genetic Saving & Clone, con sede en San Francisco, ofrece duplicar los animales, por el modesto precio de cerca de 50.000 dólares la copia. La compañía que anunció el primer gato clonado del mundo en febrero de 2002, tenía planeado clonar nueve gatos en el 2004. La empresa ha recibido ya cuatro pedidos para copiar gatos y está también trabajando duro para duplicar el esquema genético de los perros. Y la compañía dispone de unos cuantos cientos de clientes que están almacenando los genes de sus mascotas con la esperanza de revivir a sus queridos compañeros peludos en fechas posteriores.

Los cuidados sanitarios pueden incluso extenderse al tratamiento psicológico. Tras atacar a una criada y matar uno de los corgis de la Reina, el bull terrier inglés de la princesa Ana, Florence, fue enviado a ver a un psicólogo animal. El psicólogo ya ha tratado a otros perros de la princesa Ana, tras atacar a dos niños en el 2002, cobrando normalmente 540 dólares por dos visitas.

Necesidades espirituales

También se están cuidando las necesidades espirituales. En la Iglesia Episcopaliana de St. Francis, en Stamford, Connecticut, las mascotas pueden ahora recibir la Sagrada Comunión así como una bendición especial. Dado que cada vez es más difícil llenar los bancos, algunos clérigos están creando servicios espirituales de amistad con las mascotas. En algunos casos esto incluye incluso el hacer llamadas a casa por los animales enfermos o acompañar a los propietarios de mascotas al veterinario cuando tienen que aplicar la eutanasia a una mascota, sin mencionar el oficiar funerales por las mascotas.

Después de que las lápidas para mascotas se convirtieran en uno de los productos más demandados de Petco, la empresa ha comenzado a vender piedras memorial en el 2002. La compañía de tarjetas de felicitación Hallmark ha introducido tarjetas con imágenes espirituales en su catálogo de tarjetas de condolencia para mascotas. Las tarjetas de condolencia se envían a los propietarios de mascotas cuando mueren sus animales; las ventas anuales actualmente ascienden a medio millón. Por su parte, Skylight Paths acaba de publicar un libro titulado "Lo que los Animales nos pueden enseñar sobre Espiritualidad".

Legislación y protección

Cada vez son más los lugares en donde, en mayor o menor medida, se recoge legislación o normativas que tiendan a proteger a las mascotas. En España, por ejemplo, contamos con leyes estatales, autonómicas y ordenanzas municipales. Pero, en Alemania han ido más allá, recogiéndose los derechos de los animales en su Constitución.

Nadie quiere negar a la gente el disfrute de tener mascotas. Pero hay quienes piensan que las cosas han ido un poco lejos. A miembros de una familia en España, por ejemplo, se les declaró culpables de abandonar en el año 2002 a su abuela de 86 años siendo multados con 240 euros, una décima parte de la pena por abandono ilegal de una mascota.

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